David J. Skinner

lunes, 17 de febrero de 2014

Crear una novela (V)


¡Cuánto tiempo hacía que no continuaba con este tutorial sobre la creación de novelas! Pues nada, hoy pongo por aquí el quinto capítulo, donde hablaremos de las descripciones. Espero que os guste y que os resulte de utilidad.

Nos ponemos ya con Henry, que está a punto de levantarse. Este sería un buen momento para describirlo un poco más. Pero, ¿cómo hacerlo? Vamos a ver un ejemplo.
Aunque Henry llevaba un buen rato despierto, su cuerpo se negaba a sacarle de la cama. Era un hombre de escaso pelo, y hacía un par de años que había decidido dejarse bigote, justo después de la muerte de su esposa. Sufría de cojera en la pierna izquierda, tras un tiroteo con unos delincuentes, en la época en que trabajaba para la Policía Metropolitana de Londres. Se levantó, dispuesto a vestirse con rapidez y tomar uno de los deliciosos dulces que, cada mañana, le preparaba su casera, la señora Pratson.
Una breve descripción de Henry. ¿Correcta? Sí, aunque puede que tengamos una manera mejor de dar estos datos. ¿Lo intentamos?
Aunque Henry llevaba un buen rato despierto, su cuerpo se negaba a sacarle de la cama. Se llevó una mano a la cabeza y frotó su otrora frondosa cabellera primero, para después atusar pensativo el bigote que ya llevaba desde hacía un par de años. Sonrió pensando en la cara que pondría su esposa de haberle visto así; sin embargo, ya había fallecido cuando tomó la decisión de dejárselo crecer.
Al fin se levantó, notando un fuerte dolor en la pierna izquierda. Cojeaba desde que fue herido en aquel tiroteo, hacía varios años, cuando aún formaba parte de la Policía Metropolitana de Londres, y los días fríos y húmedos le hacían recordarlo con dolorosa claridad. No tardó en vestirse, mientras le parecía oler los deliciosos dulces de la señora Pratson, su casera. Cada mañana, junto al té, siempre se encontraban un par de aquellas delicias exquisitas que levantaban su habitualmente bajo ánimo.
Por supuesto, es principalmente cuestión de gustos el que usemos una forma u otra. Aun así, remitiéndome a una entrada anterior, “si no hay nada interesante que contar, no lo contéis”. Puede que el hecho de frotarse la cabeza no sea muy interesante, pero al menos hay una acción (y no solamente una descripción). En esta ocasión estamos comenzando con la historia, y elegir entre una u otra forma de narrar no supone un “corte” en los acontecimientos. Otra cosa distinta sería si nos halláramos en una parte donde están sucediendo eventos importantes, y el lector estuviese en tensión; es ahí donde verdaderamente importa que las descripciones sean las justas para no interrumpir el ritmo.
Max apuntó con su revólver a la cabeza de Henry. Era un hombre alto y esbelto, de piel tostada. Su mejilla izquierda estaba surcada por una cicatriz, vestigio de algún enfrentamiento vivido años atrás. El investigador levantó las manos, esperando que el otro no disparase sin antes preguntar.
Con independencia de la necesidad de describir o no a Max, este es uno de los peores momentos para hacerlo. Si alguno de estos datos fuera esencial de manera inmediata, sería más adecuado hacer la descripción antes de que el hombre apunte a nuestro amigo Henry. Y si ya conseguimos que haya alguna interacción, mejor.
Max era un hombre alto y esbelto, de piel tostada. Henry observó que su mejilla izquierda estaba surcada por una cicatriz, probable vestigio de algún enfrentamiento vivido años atrás. La atención del investigador se centró rápidamente en el revólver que le estaba apuntando a la cabeza. Levantó las manos, esperando que el otro no disparase sin antes preguntar.
Hemos hecho la misma descripción, pero separándola del momento de acción (y “haciendo” algo con la cicatriz: al menos, Henry la observa).
¡Eso es to… eso es to… eso es todo, amigos! (por hoy)
En la próxima entrega hablaremos sobre cómo definir a los personajes.