David J. Skinner

jueves, 12 de septiembre de 2013

Presentación en Madrid - Alma en sumisión

El escritor granadino David López Rodríguez presenta en Madrid este sábado 14 de septiembre su gran éxito Alma en sumisión.

Esta novela, que explora el universo del FEMDOM (dominación femenina), ha tenido una gran aceptación allí por donde ha pasado. La calidad del texto, así como la fidelidad  con la que López Rodríguez aborda el poco conocido mundo BDSM, son dos de las razones por las os recomiendo, al menos, pasar por la presentación y escuchar al autor hablando sobre el libro.

Como digo, será este sábado 14, a las siete de la tarde, en la librería gastrobar “El dinosaurio todavía estaba allí” (un lugar que ya conozco desde su apertura, y que os recomiendo), situada en la calle Lavapiés, 8 (metros Tirso de Molina y Antón Martín).

Podéis encontrar más información sobre el autor y su obra en el blog almaensumision.blogspot.com

¡No dejéis escapar la oportunidad de llevaros el libro dedicado este sábado!

lunes, 9 de septiembre de 2013

Crear una novela (III)

Habíamos dejado la cosa bastante bien; tenemos nuestra historia preparada y vamos a comenzar a escribirla. Aunque tenemos aún un pequeño problema por delante… ¿Por dónde empezamos?

La respuesta más sencilla sería “por el principio”. Y, como lo más sencillo suele funcionar bien la mayoría de veces, eso vamos a hacer. Sí, podríamos iniciar la novela al estilo “J. J. Abrams”, narrando una escena que se desarrolla hacia el final y luego retroceder hasta alcanzar ese punto. O contar la historia del protagonista desde su más tierna infancia hasta la actualidad. Incluso podemos comenzar la narración en plena acción, e ir siempre hacia adelante. Todo eso está muy bien, pero solamente si hay un motivo para hacerlo. ¿Lo tenemos? ¿No? Pues vayamos a la primera opción.

Dependiendo de diversos factores, nuestra novela deberá contener una cantidad mayor o menor de información al inicio, para que el lector se ubique. Por ejemplo, hay que tener en cuenta la localización y la época (en este caso, la Inglaterra de finales del siglo XIX); también, nos guste o no, los lectores a quienes va enfocada la novela. ¿Será necesario dar mucha información, o ya tendrán conocimiento del entorno? Si creemos que el caso es este último, no tendremos más que indicar de una forma más o menos sutil dónde y cuándo está situada la historia. Luego, nos centraremos en el protagonista.

Dicen que menos es más, pero en este momento de la creación resultará más útil que nos sobren cosas a que nos falten. Ya llegará luego la revisión. Si no tenemos claro por dónde empezar a escribir, lo mejor es ver qué hábitos tiene nuestro protagonista. ¿Suele ir a un club social? ¿Almuerza en algún restaurante todos los días? ¿Duerme? Vale, esta última pregunta es un poco rara, pero a donde quiero llegar es a que si duerme, se levantará por las mañanas, y ese es un buen momento para ir describiéndolo, si no tenemos claras aún sus peculiaridades. Como digo, ya habrá tiempo de borrar lo que sobre.

Para concretar más lo que llevamos visto, vamos a suponer que tenemos lo siguiente: En el Londres de 1888, mientras los crímenes de Jack el Destripador llenan las portadas de los periódicos, un investigador privado de nombre Henry Steward es contratado para resolver un crimen que la policía, agobiada con los recientes sucesos, está ignorando. Hemos decidido escribir la novela en pasado, y usar la tercera persona. En concreto, un observador omnisciente en tercera persona (esto nos permitirá contar no sólo lo que se ve, sino lo que Henry piensa o siente, aunque nos impedirá ocultar información sobre él al lector). La narración comenzará a primera hora de la mañana del día en que le contratan, pudiendo así situar al lector y revelar algunos datos sobre el protagonista.

Esto va tomando forma, ¿eh? En la siguiente entrega hablaremos de la importancia de los capítulos y de las secciones.


Ya sabéis, si comentáis y/o compartís os estaré eternamente (bueno, igual tanto no) agradecido.

jueves, 5 de septiembre de 2013

Crear una novela (II)


Ya estoy de nuevo por aquí, continuando con “Crear una novela”. Ahora que ya tenemos claras las ventajas e inconvenientes al usar un tiempo verbal o un tipo de narrador, hoy vamos a hablar sobre el trabajo que precede a la creación de la narración. Por supuesto, esta es una de las múltiples formas que hay de ponerse a escribir un libro, aunque os aseguro que es una manera válida.

Lo que no aseguro es que salga un buen libro, eso sí :-P

Vamos a plantearnos un caso: un día decidimos escribir una novela. Una especie de reto personal que nos hacemos. Así pues, dejamos un buen montón de papeles sobre la mesa, agarramos dos o tres bolígrafos –no se nos vaya a terminar la tinta justo cuando estemos más inspirados–, y comenzamos nuestra labor.

Pero, ¿cómo lo hacemos? Vale, lo habitual es tener algo en la mente que queramos plasmar en papel, antes de ponernos con todo esto. Supongamos que no, así que vamos al asunto. Sin lugar a dudas, si nos hemos planteado escribir una novela es porque nos gusta leer (o porque queremos ser ricos y famosos… qué ilusos…). ¿Cuál es nuestro género favorito? ¿Qué hemos leído más? ¿Fantasía, terror, novela negra? Pues a ello nos ponemos. Digamos que nuestro preferido es el género policíaco.

Como he dicho, nos hemos sentado con la mente en blanco, sin ninguna idea previa. Ya tenemos el género, así que vayamos rellenando espacios. ¿Se desarrollará en la actualidad? ¿En el futuro? ¿En alguna época concreta del pasado? Venga, vamos a ubicarla en la Inglaterra victoriana.

Ya vamos avanzando. Lo siguiente es saber quién o quienes intervendrán en la historia. Como nos hemos leído todos los libros de Sherlock Holmes, decidimos que un investigador privado sería la mejor opción. Ese será nuestro protagonista, claro, aunque aún nos queda crear un antagonista. ¿Imprescindible? No, no lo es; pero ya he dicho que nos gusta Sherlock Holmes ;-)

¿Qué? ¿Que aún no hemos decidido de qué va la historia? Bueno, nos queda tiempo. Por ahora, tenemos el género, el lugar, el momento y los protagonistas. No está nada mal, para haber empezado sin nada. Con todo esto, si nos vamos a una enciclopedia y buscamos acontecimientos en la Inglaterra del siglo XIX, seguro que encontramos un suceso del que nuestros personajes puedan formar parte. ¡Uy! ¡Ya tendríamos el argumento!

¿Qué nos queda ahora? Podemos crearnos un resumen más o menos detallado de lo que ocurrirá, una sinopsis por capítulos, o una ficha de los personajes. O, simplemente, ponernos a escribir, y a ver qué pasa. Si no habéis leído mi entrada “Escritores de brújula y escritores de mapa”, este es un buen momento para verla.
Terminamos por hoy. Si os ha gustado y os ha sabido a poco, comentad y compartid; prometo más entregas de la serie “Crear una novela”, llenas de consejos que pueden no servir de mucho (de algo sí), pero que seguro os entretendrán.